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Blog de viajes

VIAJE A NEPAL. DONDE LA TIERRA QUIERE ABRAZAR EL CIELO, POR PILAR BLASCO

29 Nov 13    Cuadernos de viajes    Tarannà    1 comentario

14 octubre 2013

Por fin parece que se hace realidad el sueño de viajar a Nepal.
Me acompañan en esta aventura, mi fiel amiga y viajera Rosa, Montse y su hija Berta que han logrado compaginar sus actividades para poder realizar este viaje tan interesante y esperado.

Un temor profundo se apodera de mi corazón esperando el momento en que se abra esa brecha en el tiempo que me permita contemplar la magnificencia del mundo.

Tras treinta horas viajando por retrasos ajenos a nuestra voluntad, llegamos a Kathmandú después de pasar una accidentada noche (2 horas y media) en un hotel de Doha (Qatar).

15 octubre 2013

Kathmandú: La primera impresión de la ciudad, un caos total!! Me dicen que recuerda la India; gente, motos, coches, bicicletas, por todas partes sin orden ni concierto. Bueno, el concierto disonante de los continuos bocinazos y pitidos que orquestan los impacientes habitantes de esta ciudad. Cerca de dos millones de personas en este valle que en su día fue un remanso de paz.

Debemos conocer la ciudad y sus magníficas construcciones. Acompañadas de nuestro guía en Kathmandú, Siri, afrontamos con decisión y buena disposición las extensas explicaciones de todos y cada uno de los templos y stupas. Nos detenemos en Durbar Square visitando Shiva-Parvati, Maju Deval, el templo Trailokya Mohan Narayan, etc. En el sector Sur, el célebre Kasthmandap.
Nombres y más nombres que se me hace difícil recordar. Dioses y más dioses compiten por la atención de los devotos que con absoluta entrega, hacen ofrendas constantemente.
Realmente resulta impresionante observar la fe y la absoluta convicción de esas gentes que al hacer sus ofrendas, creen que obtendrán la suerte y las bendiciones que les hacen falta.

Esos mundos que corren paralelos a los nuestros y que ignoramos, resultan desconcertantes… esas bolsas de resistencia de la razón y que hablan en el reino pantanoso de lo incomprensible, alertan la conciencia y desnudan de un plumazo el alma… dolorosa tarea de hacerse frente a uno mismo.
Sólo cabe convertirse en un punto de vista conceptual, desprovisto de masa y salvar el abismo… fundirse en lo posible y sobrevolar ese espacio en blanco donde ninguna ola riza los pensamientos.
Sólo intento que los sentimientos que albergan mi corazón se unan a los de los habitantes de estas tierras.

16 octubre 2013

Hoy continuamos visitando Kathamndú.
Sobre una pequeña colina, se halla la fascinante Stupa de Swayabhunath, el templo de los monos, el palacio de Nautale Durbar… monumentos; puertas y ventanas de madera bellamente talladas y figuras míticas por cualquier rincón. Todo ello rodeado de cientos de personas que van y vienen. Tenderetes desordenados que intentan atraer la atención de los turistas con sus objetos de artesanía típica nepalí y todo aquellos que pueda interesar.

17 octubre 2013

Desayunamos en el Hotel Malla unas tortillas de jamón y queso muy buenas y partimos con Siri hacia Pasapatinath, lugar sagrado de los hinduistas.
Es curiosa la convivencia “fácil” de los hinduistas con los budistas y los musulmanes. Los hinduistas son mayoría en un 80%, los budistas, muchos refugiados del Tibet, alcanzan apenas un 10% y los musulmanes y algún cristiano el otro 10%, pero, estos últimos, apenas se dejan ver.

A orillas del río Bagmati, asistimos a la incineración de los cuerpos de los fallecidos hindús. Siri nos explica con detalle todo el ritual que acompaña a la ceremonia de cremación. Es realmente impresionante la manera que tienen de despedirse de sus seres queridos.
Para nosotros resulta chocante ese proceder, pero sobretodo cómo se gestiona todo el proceso. No importa que echen las cenizas del cadáver al río, al lado de donde unas mujeres lavan la ropa, otros se bañan tranquilamente o cerca de donde defecan cientos de monos que se pasean por doquier.
Todo se funde en un colorismo donde el desorden arma el esqueleto de la vida y la muerte.

18 octubre 2013

Hoy nos trasladamos de Kathmandú a Pokhara. A partir de hoy, nos acompañará en nuestro viaje el guía de montaña Gensy. (Parece bastante tímido y le cuesta expresarse en castellano)
El avión de hélices es bastante seguro y con gran ilusión embarcamos hacia esa población.
El vuelo dura apenas 35 minutos y resulta muy agradable aunque se vislumbran algunas nubes en el horizonte.
Aterrizamos sin contratiempos y nos dirigimos al hotel Bahari, que está muy bien situado y donde comemos unos “momos” de verduras acompañados de la siempre presente cerveza Everest. Como los postres son bastante malos, optamos por un té nepalí. Es bueno y ya nos estamos acostumbrando a él.

Por la tarde nos acercamos al embarcadero donde alquilamos una barca de madera junto a Gensy.
Es divertido, porque Gensy es un sherpa conocedor de la montaña, pero en seguida nos damos cuenta que no le gusta nada el agua y nos confiesa, con cara preocupada, que no sabe nadar… le aseguramos que si se da el caso, le salvaremos todas juntas!
Siguen unas nubes pertinaces sobre la cordillera del Himalaya y desde la increíble quietud del Lago Fewa no conseguimos ver bien las montañas.

Un hilo de silencio enhebra instantes invisibles, sombras de nostalgia que desnudan palabras vacías.
El tiempo se fuga, pero está condenado a regresar. Estoy sola en el hueco del olvido donde puedo dialogar con la tristeza… barrera de agua que impide el paso a la oscuridad.
Niebla húmeda, olor a ceniza y tierra mojada, el sonido del viento y esa plenitud tan pura… parece que se descorre una cortina y de pronto se asoma la montaña, dorada, rodeada de nubes; una silueta que colma el cielo entero…
Es tal la emoción que salto el abismo que estaba abierto ante mí y la conciencia de belleza del mundo lo inunda todo.
Sólo he podido ver la cumbre del Machhapuchare, la montaña sagrada de los nepalís y a la que no está permitida su ascensión.
De pronto, un velo de luz plana y mortecina lo inunda todo; se funden las nubes en una descomunal sombra y empieza a llover sin tregua.
Quería preguntar a la luna llena, pero la profundidad de su silencio deja la respuesta para mañana.

19 octubre 2013

No deja de llover en toda la noche; parece que las montañas desean permanecer ocultas para nosotras…
Nos levantamos a las 4,15 de la mañana y ya no llueve. Parece que hay prisa por salir y no me da tiempo ni a tomar un té… aun oscuro, montamos en nuestro coche con Gensy y enfilamos el camino que conduce a la ascensión del mirador de Sharangot. Incluso a esta hora, hay coches, pitidos, desorden e intentos de adelantamiento suicidas… llegamos a un punto, donde se dejan los coches para los que desean hacer el trekking completo, como es nuestro caso.
Con ilusión y buena predisposición comenzamos a caminar… hace bastante frio y pronto empieza a caer una lluvia fina… nos ponemos el impermeable-cortavientos y seguimos… el camino es estrecho y con grandes escalones… sí, sí, escalones de piedras desiguales y resbaladizos… bufff!! La verdad es que cuesta mucho esfuerzo mantener el ritmo…
Por fin y después de más de 1 hora y media de dura ascensión llegamos al mirador. Ya hay gente en la pequeña glorieta cubierta… esperamos la salida del sol ateridas de frio y yo, particularmente, algo mareada. Sigue lloviendo y hay grandes nubarrones, por lo que no se puede disfrutar del paisaje y ver la anhelada cordillera.

Así, en medio de la niebla, en la que el tiempo envuelve la memoria, siento que todo está dispuesto… todo se torna desvaído, borroso, quebradizo. Todo el paisaje, carente de sustancia se muestra como un reflejo de si mismo y yo en medio de esa nada, siento en el propio pecho el llanto del corazón detenido.
Anhelo perenne de salvar el abismo que flota entre mi conciencia y yo.

Miradas huecas y anodinas, gente moviéndose de un lado para otro sin sentido; hablando a gritos y perturbando el momento.
Las nubes seguían impasibles a los deseos de los hombres, pero en un momento, sin previo aviso, nos regalan la visión de un precioso arco iris de intensos colores.
Deseábamos ver los Anapurnas, sabíamos que estaban ahí y decidimos esperar…
Nuestra paciencia tiene su recompensa y al cabo de una hora empezaron a asomar entre un mar de nubes los picos más altos de esas mágicas montañas.

Emociones ajenas a mi conciencia que no puedo ni concretar, ni darle nombre… momento eterno aquí y ahora, placidez en el profundo océano de mi alma.
Esas montañas míticas se muestras tímidas ante mis ojos pero logro ver como se elevan queriendo abrazar el cielo.
La belleza de esa quietud y majestuosidad se incorpora para siempre a mi corazón.

Regresamos con todas esas sensaciones viviendo en nosotras, cada una a su manera.

Resulta duro el descenso, pues la lluvia ha convertido el difícil camino en un barrizal resbaladizo.

Llegamos agotadas al hotel donde tomamos algo de desayuno, aunque ha pasado la hora “oficial”. Conseguimos un poco de té nepalí y unos bollos que nos saben a gloria.

Después de descansar un rato y comer la típica comida, siempre picante, nos decidimos a subir andando a la Stupa de la Paz Mundial. Monumento especialmente diseñado para proporcionar un foco de unión entre las gentes de todos los credos y razas.
Bueno, resulta durísima la ascensión, jalonada, como no, de increíbles escalones de piedra y barro. Tramos muy empinados y resbaladizos a causa de la lluvia caída recientemente.
El paisaje es precioso, pero apenas se puede disfrutar, pues hay que estar muy pendiente de dónde se pone el pie.
Parece increíble que en un camino tan difícil se encuentren casitas de madera y familias que viven ahí con sus animales y pequeños huertos, alejados de todos y de todo! Encontramos búfalos domésticos y niños felices que saludan contentos.

Por fin llegamos arriba, después de más de tres horas de dura ascensión. Realmente ha valido la pena!!. La Stupa es magnífica, muy bien cuidada. Subimos a lo alto donde hay un Buda dorado enorme. El paisaje es espectacular; se puede ver el Lago Fewa en todo su esplendor.

Cantamos un OM de despedida y comenzamos el descenso, que acaba resultando más duro si cabe que la ascensión, pues bajamos por otro camino que va directamente al Lago y es más empinado y resbaladizo. Aunque llevamos palos de trekking, debemos prestar mucha atención!!
Llegamos al Lago y ahí nos espera una embarcación de madera de un bonito color amarillo. Gensy sigue pensando que lleva mejor las ascensiones que los paseos en barca con tanta agua alrededor…
Cruzamos el Lago en silencio; es una maravilla, no hay nadie a la vista y todo está en absoluta quietud… el sol se ha ocultado tras las impresionantes montañas…

A veces es tan difícil aceptar el rigor de la simplicidad que no nos damos cuenta de que en eso reside la grandeza…

Llegamos a tiempo para disfrutar de una sesión de masaje para recuperar el tono muscular… opto por un “deep masage” y la verdad es que es fantástico!!; una chica pequeñita, pero con una fuerza y un saber fantástico, consigue recuperarme un poco después de un día tan intenso. Un buen colofón para un día de trekking completo y muy especial.
Una experiencia maravillosa y un deseo… intentar que no se apague la ilusión por los destellos de luz que iluminan esos momentos únicos e irrepetibles.

20 0ctubre 2013

Después de una noche de sueño reparador y de un buen desayuno en el Hotel Bahari de Pokhara, debemos partir en coche hacia la población de Bandipur.
Sin embargo, Gensy, nos propone subir en coche a un mirador desde el que podremos ver la cadena de los Anapurnas que con tanta dificultad vimos el día anterior.
Resulta ser espectacular; hace un día magnífico y se pueden ver todas las montañas… qué espectáculo, impresionante!! Tan cerca, tan altas, tan majestuosas, parece que abracen el cielo en perfecta harmonía… belleza en estado puro…

Recorremos el valle del río Maryangi y las montañas de Manaslu. Un paisaje increíble que disfrutamos enormemente.
La carretera general y única que conecta Pohkara y Kathmandú es un auténtico caos; camiones impresionantes cargados de manera que desafían las leyes de la gravedad y el equilibrio. Cabras encima de los techos y gentes colgando de las ventanillas. Todos tocan la bocina constantemente y se adelantan unos a otros sin ningún miramiento y lo que es peor, sin ninguna visibilidad!! Parece mentira que no hayan más accidentes.

De pronto nos desviamos hacia la localidad de Bandipur y la carretera se hace más estrecha con curvas tipo “paella”, una después de otra y siempre subiendo. Parece que nos vamos al fin del mundo, pero tras unos 20 Km. llegamos a la población medieval de Bandipur.

Bandipur; un pequeño pueblo “con encanto” y perdido entre montañas a 1.035 metros de altitud sobre el valle de Maryangdi.
Nos alojamos en el hotel Old Inn; creo que el mejor del pueblo, donde nos recibe un atento manager. El hotel es muy peculiar; mucha madera (antigua), techos de una especie de pizarra de la zona, pasadizos estrechos, empinadas escaleras de madera con escalones altísimos y una decoración muy interesante. Se accede a una terraza en la última planta desde donde se puede ver el Himalaya.

Nos instalamos y Gensy nos acompaña en una agradable caminata a lo alto de la colina, donde encontramos un pequeño templo con banderas de oración colgando de un magnífico árbol. Parece mentira que en un lugar tan remoto haya un templo cuidado con tanto esmero por los lugareños. Después de realizar nuestras ofrendas (pequeñas velas doradas) nos disponemos a marchar, cuando se acerca una monja budista entrada en años, muy simpática, que nos ofrece unos “escapularios” hechos por ella que nos protegerán… charlamos un buen rato y naturalmente le damos nuestra “aportación”… se queda muy contenta, pues la ofrenda ha sido generosa. Berta la denomina con cariño, la monja pesetera!!

Gozamos de una fascinante puesta de sol, caminado entre campos de mostaza y pequeñas casitas de madera y piedra. La gente es muy amable y nos saluda con una sonrisa.

Por la tarde, recorremos el pueblo en busca de alguna compra (cierto síndrome de abstinencia nos acompaña…), pero se acerca una tormenta y decidimos tomar algo en un pequeño bar con una curiosa terracita. La idea es un gin tonic, pero la oferta no es tentadora para mí, así que acabo pidiendo un chocolate caliente… no es muy bucólico, pero…

Relámpagos y truenos nos envuelven y naturalmente se va la luz; ahora si que estamos en la penumbra, inmersas en la realidad cotidiana de esta gente.
Cena muy agradable a la luz de las velas y descanso en las estrechas camitas (que parecen de los enanitos de Blancanieves) oyendo el repicar de la lluvia en las ventanas.

21 octubre 2013

A las 5,30h, nos llama a la puerta nuestro tímido guía por si queremos ver la salida del sol… bufff, que frío hace a esta hora!! Con mucho ánimo salimos al terrado y una espesa bruma impide ver las montañas. Sabemos que están ahí, pero…

Desayunamos con mucho apetito; el té nepalí es estupendo, cada vez apetece más!

Camino a Kathmandú visitamos el templo hinduista de ManaKamana Mandir. Se sube en un largo teleférico (hasta los 1.310m de altitud) y logra superar los bancos de niebla y llega a la cima con unas vistas espectaculares del Himalaya.
El famoso templo es importante, pero lo que de verdad impacta es la cantidad de gente que se acerca a él con ofrendas de todas clases; flores, inciensos, velas, incluso animales que sacrifican a la diosa. Entre ellos, cabras de todos los tamaños, gallinas y otros animales.
Los santones, ataviados con brillantes turbantes y túnicas, esperan sentados en el suelo las aportaciones de la gente, y sí, los devotos les sustentan con generosidad. Todo muy colorista y caótico; algo a lo que ya nos estamos acostumbrando!!

Ya en la carretera a Kathmandú paramos para observar de cerca esos impresionantes puentes colgantes que unen las orillas del río Trishuli y la cotidianidad de las gentes lavando la ropa en el río… fantásticos momentos!

Atravesamos Kathmandú (no hay circunvalación!!) para dirigirnos a Nagarkot. Población situada a 2.000 m. desde donde se puede disfrutar de unas espectaculares vistas del Himalaya.
La carretera de acceso a Nagarkot es impresionante; unos bosques de pinos de agujas finas y lánguidas (yo los llamo pinos chinos) rodean la carretera que sube y sube. Un paisaje maravilloso.
El hotel Club Himalaya, donde nos alojamos, es fantástico. Cenamos muy bien y logramos descansar de maravilla.

22 de octubre 2013

Muy temprano, nos dirigimos al mirador sobre Nagarkot para observar la cordillera, pero hay algunas nubes y sólo conseguimos ver los picos más altos que asoman entre las nubes.
Iniciamos el trekking sobre las 8 de la mañana con buen ánimo; unas 6 horas nos esperan…
Verdaderamente es precioso el camino; pasamos por pequeñas aldeas, de dos o tres casas con sus huertos realizados en terrazas, ya que hay mucho desnivel, y animales domésticos cuidados con esmero. En algunas casas tienen búfalos perfectamente limpios. No hay electricidad ni agua corriente, pero casi cada casa tiene una fuente en el exterior, donde se lavan, beben y obtienen el agua para cocinar en hornos de leña.

Realmente disfrutamos mucho, hasta que llega la hora de comer y Gensy no encuentra la “fórmula” para conseguir un sitio “decente” para tomar algo. Vaya!! Finalmente y con un Gensy muy apurado, entramos en un establecimiento del pueblo de Nala… a Rosa se le ocurre echar un vistazo a la zona donde se guisa y se le quitan las ganas de comer de golpe!! Pedimos unos “noodels” que estaban en el aparador y unos “momos”, típicos de la zona. Bueno, el encargado, coge los noodels con la mano y los estampa en la sucia sartén para calentarlos… los momos, son de carne y la verdad, yo no los pruebo… como hay hambre, nos comemos los noodels y Gensy se acaba los momos… bebemos cerveza Everest para activarnos un poco y seguir nuestro camino hacia Dhulikel… una experiencia interesante!!

Desde Nala, pasando por Banepa, nuestros apreciados caminos han desaparecido, y todo el resto del recorrido hasta Dhulikel se debe hacer por la carretera asfaltada. Resulta muy incómodo, pues los camiones, furgonetas, coches y motos que circulan sin cesar, pasan a dos centímetros de nuestras cabezas. Por la cuneta, pasan las cloacas sin cubrir, por lo que no nos podemos arrimar mucho a riesgo de caer dentro.
Muy duro estas últimas dos horas y media… otra experiencia!!

Finalmente llegamos Dhulikel y el hotel tiene muy buena pinta: Dhulikel Lodge Resort, lástima que no hay sitio en el bloque principal y nos alojan en un anexo bastante cutre… en fin, como hay cansancio, todo parece bien!

Cenamos muy bien y como es muy temprano, decidimos charlar un rato en una sala, teóricamente, un bar… Gensy nos acompaña y nos enseña una mesa con un tablero incorporado con fichas parecidas a botones y unos agujeros en las esquinas. Es un juego muy popular aquí y decidimos aprender. Pasamos un rato muy divertido y conseguimos algunas jugadas buenas, aunque la mayoría de veces mandábamos al agujero la ficha que no tocaba!!!

23 de octubre 2013

Nos levantamos a las 5h para ver amanecer sobre el Himalaya…qué espectáculo!!!

La oscuridad, todavía lo envuelve todo… se intuyen las cumbres en medio de esa sábana de blanca niebla. De pronto llega un soplo de silencio que limpia sueños y rencores, dialoga con la tristeza y pone nombre a la nostalgia.
Me siento diminutamente prescindible y tranquila en medio de esa inmensidad. Mi alma se despega del cuerpo, flota entre esas nubes, en ese océano de calma.
Mi yo, se diluye alejándose cada vez más hacia ese horizonte.
Salvar el abismo del tiempo, ese instante detenido, despojado de todo lo accesorio, concede esa libertad suprema que no espera nada a cambio.
En ese momento de sensibilidad exacerbada, se intensifica la conciencia de belleza del mundo. La sencillez de la poesía que ofrece la naturaleza… una belleza que no puede ser poseída ni fabricada y lo único que hace falta para disfrutar de ella es estar alerta y atenta, totalmente presente.

Esa sensación de participar en la totalidad de la vida, concentrada en un mínimo segmento de tiempo, llena de luz la conciencia.

Como un espejismo sobre la realidad del mundo, una luz rosada se refleja en las cumbres más altas; el Lang Tang (7.246m.) y el Gang Chennpo (6.297m.) brillan majestuosos… que maravilla!! Suave, suave, va tomando color toda la cordillera… amanece en el Himalaya y esos momentos hacen de la vida, no un valle sin salida, sino un eterno aquí y ahora…

Hay una historia en cada amanecer, sobrecogedora rapsodia de luz… cada etapa es un avance hacia la plenitud y estos momentos robados al tiempo, llenan todos los vacíos.

Lamentablemente, debemos partir, pues el Monasterio de Namobuddha nos espera.
Durante los primeros días compré unas banderas de oración que quería colgar en algún lugar especial. Durante todos estos días no lo he encontrado y lo buscaba con interés. Gensy me dijo que me ayudaría a colocarlas, pero él debía marchar hacia Kathmandú. Sin embargo, se ofreció a acompañarnos hasta Namobuddha, pues allí, en los alrededores del monasterio, seguro que encontraba el sitio ideal.

Continuamos nuestro camino y Siri, nuestro guía de “ciudad”, ya está con nosotras. Nos muestra un templo pequeño, pero muy interesante y lleno de banderas de oración. Me encanta ese colorido y el simbolismo que tienen!!

Llegamos a Namobuddha y nos instalamos en un anexo al monasterio especialmente acondicionado para los huéspedes; tres habitaciones básicas con un baño compartido (por cierto, nos tocaron al lado dos alemanes “gigantes” bastante simpáticos, según Berta).

Sin perder un minuto, nos dirigimos hacia una colina, con una stupa en lo alto, donde hay un árbol gigante y miles de banderas de oración… ahí debo plantar la mía!!! Gensy se encarama en un alto soporte y yo quiero (a riesgo de caer por un precipicio) atar el otro extremo de las banderas en una rama de árbol. Concluida la tarea nos disponemos a contemplar la puesta de sol… que maravilla, que paz se respiraba ahí en lo alto…

Debemos acudir a la cena en comunidad con los monjes a las 19h. en punto… los monjes no esperan y si no estás… no comes!!. Algo cansadas y después de alguna rápida ducha, no sabemos si acudir al comedor (queda bastante lejos…); dudas y más dudas, hasta que Montse dice: “qué caramba, estamos aquí para participar de TODO, así que, ala, vamos!!” Bueno, tiene razón y literalmente corriendo acudimos al comedor… mmm… huele a pollo al curry, dice Rosa… yo asustada como estaba de esas comidas picantes, digo que me sirvan muy poco… un caldo con algo de patata, cebolla y zanahoria que se puede tomar. De pronto vemos que todos los monjes se van y nos quedamos mirando el cuenco vacío… ¿será cierto que no hay nada más??? Pues sí, cena frugal en el monasterio!!

24 octubre 2013

La verdad es que se ha dormido muy bien en esos futones en el suelo y nos levantamos muy animadas y con bastante hambre, por cierto!!

El monasterio de Namobuddha está sobre una montaña y tiene unas vistas del Himalaya fantásticas, así que nos levantamos para ver amanecer… son mágicos esos momentos en que se hace la luz sobre las cimas de las montañas más altas del mundo.
Nos acercamos a la colina donde coloqué las banderas de oración y ohhhh!!! No están!!!, bueno sí, pero se han descolgado por un extremo misteriosamente y caen lánguidas por encima de otras. Vaya, así no se moverán con el viento!!. Nada, con la ayuda de mis compañeras las vuelvo a colocar y esta vez fuertemente anudadas para que esparzan mis oraciones largo tiempo por el Himalaya.

A las 6h. oración en comunidad. Nos apresuramos a participar y realmente es muy interesante. Todos los monjes en sus banquetas con sus libros de rezos, sus instrumentos musicales y su cadencia sonora, invitan a la introspección…

A las 7h. desayuno. No nos lo podemos perder; hay un cierto desfallecimiento alimenticio. Resulta que el desayuno consiste en: un tazón de manteca de Yak con té nepalí (que no se puede tomar!!), una especie de pan “chino” sin cocer (que comemos sin protestar) y un plato de garbanzos negros con algo de patata, bastante picante. Bueno, no es el desayuno clásico, pero es lo que hay!!
Hoy debemos caminar, descendiendo la montaña, unas dos horas. Resulta muy interesante, pues pasamos por varias aldeas rurales, donde la gente nos saluda amablemente y vemos como trabajan la tierra. Es la época de la cosecha de trigo y nos comenta Siri que todo el mundo ayuda en las tareas del campo. Recogen el grano y la paja la amontonan como antiguamente en haces en forma de “tipi” (tienda de indios americanos).

Llegando a Patán, Siri nos acerca a una población donde se realizan las incineraciones tradicionales… se empeña en que nos acerquemos para ver bien en qué consisten… bueno, creo que ya lo hemos entendido y nos da cierto reparo pasear entre los parientes del difunto que están celebrando sus exequias…

Llegamos al mediodía a la ciudad imperial de Patán. Es realmente magnífica. Su plaza central Durbar Square es impresionante y se agradece que sea peatonal.
Comemos en un pequeño restaurante y paseamos admirando esa arquitectura tan especial. Templo de Madevi, templo de Khumberwar, templo de Bhimsen, templo de UmaMaheswara, Golden Temple, etc. Esculturas de Shiva y Parvati del siglo X… la diosa Parvati, la tenemos muy presente, pues está en casi todas partes!!!
También nos acercamos a los puestos de artesanía admirando todos lo cachivaches que nos ofrecen… también nos interesamos por las pashminas de cachemir 100% que debemos comprar. Instrucciones de nuestras amigas de Barcelona!!

Llegada a Kathmandú y sorpresa!!, pues el fantástico hotel que teníamos (el Hote Malla) está colapsado a causa de los clientes que no habían podido desalojar por el mal de altura que les había afectado en la montaña…
Después de varios incidentes (nos habían colocado en un hotel que no tocaba), nos reubican en el Hotel Everest de 5 estrellas que aunque está algo lejos del centro, está muy bien.

25 octubre 2013

Bueno, último día de viaje y como comentamos al llegar a Nepal a Kami (jefe de agencia en Nepal) decidimos realizar un vuelo en paralelo por la cordillera del Himalaya para conseguir ver un poco de cerca el Everest.
Nuevamente a las 5 de la mañana, nos trasladamos al aeropuerto de Kathmandú.
El vuelo resulta espectacular. Todos los pasajeros tenemos ventanilla y de uno en uno, nos dejan pasar a la cabina del piloto para ver la panorámica desde ahí. Bufff!!! Impresionante esta cordillera… cuantas montañas, cuantos picos y que belleza!!! Conseguimos ver el cono del Everest apareciendo por detrás de innumerables montañas… y como comentan por aquí: “no he hollado el Everest, pero lo he tocado con el corazón”.
Fantástica experiencia!!!!

Volvemos a la ciudad, para comer y realizar las últimas compras. Nuestro avión no sale hasta las 20h., aunque debemos estar en el aeropuerto sobre las 17,30h para asegurarnos buenos asientos. Volamos también vía Doha (Qatar) donde debemos esperar unas tres horas nuestro vuelo de vuelta a Barcelona.
El aeropuerto de Doha es impresionante y aunque son las 2 de la madrugada, parece que sean las 2 de la tarde por la cantidad de movimiento que hay. Nos encontramos a varias personas conocidas; unas que volarán con nosotras y otras que enlazan a Hong Kong!!

Ya en el avión de vuelta, repaso, medio soñando, estos magníficos días compartidos con mis compañeras, amigas entrañables que me ayudan a crecer y a valorar cada momento vivido. Gracias, de verdad, a Rosa, Montse y Berta!!
Ha sido una extraordinaria experiencia… conocer otros países, sus gentes, sus costumbres, su manera tan diferente de ver la vida, me enriquece y me ayuda a valorar la grandeza en lo pequeño.

Allá donde ponía la vista, brotaba un sueño…

Pilar Blasco
Octubre 2013



Comentarios de “VIAJE A NEPAL. DONDE LA TIERRA QUIERE ABRAZAR EL CIELO, POR PILAR BLASCO”

  1. Paloma dice:

    Bonitos comentarios Pilar sobre lo significativo del lugar , tus sensaciones y emociones. La verdad es que es un país que rezuma sencillez y dulzura.
    Llegada desde hace una semana y librada por los pelos de la terrible tragedia!!
    Un saludo

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