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Plácida y húmeda noche en Níger. Aventuras Africanas

5 Jul 16    Vivencias y anécdotas de viaje    Tarannà    Sin comentarios

Plácida y húmeda noche en Níger

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Un viaje al África y además con un alto componente de aventura es realmente algo muy especial. Xavier y sus compañeros de expedición, entre los que se hallan su esposa y su hijo –exactamente una decena de personas, además del guía y los conductores–, están atravesando una inacabable sabana de Níger en busca de algún poblado indígena aislado entre los muchos que se encuentran diseminados por aquellos parajes del África Occidental.
Transportados por vehículos “cuatro por cuatro”, prosiguen llenos de ilusión y ávidos de nuevas experiencias el singular viaje iniciado hace pocos días a través de aquella república norteafricana, aún poco frecuentada por el turismo. De hecho, este grupo está abriendo una nueva vía de destino turístico que esperan proponer a futuros expedicionarios, basándose en las experiencias que atesorarán durante estos días.


RECORRIENDO LA INACABABLE SABANA

Acabarán bautizando como “Semana del infierno salvaje” aquella opción de viaje, tratando de definir así todo lo que están pasando –se podría decir padeciendo, si no fuera porque ellos disfrutan hasta el límite de la situación– y que permanecerá imborrable para siempre en sus recuerdos. Estamos en pleno mes de agosto de uno de los primeros años del siglo XXI y las temperaturas que “disfrutan”, oscilando entre los cuarenta y cinco y los sesenta grados, ya de por sí justifican el calificativo de infierno. Aunque uno nunca acaba de acostumbrarse a la sensación de un aire híper-caliente golpeándote el rostro sin parar, sí que acabas por aceptarlo como parte de la anormal normalidad de aquellos días.Plácida y húmeda noche en Níger
Xavi y sus compañeros viajeros practican aquel tipo de turismo que se ha definido como de aventura, a pesar de que a nuestro protagonista, con buen criterio y con la percepción que le han aportado las experiencias vividas, no le convence demasiado esta definición. En realidad, la gente que ha ido conociendo por estos mundos y que vive en condiciones que a nosotros nos parecen extremas, sí que vive una auténtica aventura cada día. Para él, estos sí que son aventureros; toda su vida es una verdadera odisea.
Después de recorrer kilómetros y kilómetros por aquella inacabable llanura, los viajeros tienen la sensación de hallarse en medio de la nada. Unas cuantas paradas para rescatar algún coche hundido en un charco de fango les hacen volver a la realidad; la inmensa sabana está llena de trampas de barro a causa de la temporada alta de lluvias que sobreviene en aquella época del año.

EL POBLADO PEUL

De repente, algo vivo y colorido aparece de la nada y los conductores hacen recalar a la pequeña expedición en un pequeño poblado. Son nativos peul y su ocupación principal es la ganadería. Son nómadas y pastores desde tiempos inmemoriales y su riqueza personal depende de las vacas, cabras u ovejas que poseen. Ciertamente viven aislados de la civilización, tal y como nosotros la entendemos. y por tanto parecen realmente alucinados con la inesperada llegada de aquel grupo de personas blancas, hecho que no se recuerda hubiera sucedido jamás en la historia de su aldea.Plácida y húmeda noche en Níger
Una rápida negociación entre el guía y el jefe del poblado consigue la autorización para que el grupo pueda acampar dentro. Podrán convivir unas horas con ellos y tendrán la oportunidad de pernoctar en aquel pintoresco lugar. Como ya se ha dicho, es época de lluvias y están avisados de que cuando llueve durante dicha temporada, lo hace a cántaros y más, así que más vale estar guarecidos dentro del poblado en donde aquella buena gente accede a acogerlos.

HOSPITALIDAD Y EXPECTACIÓN

Empiezan a desplegar todo el equipaje y a montar las tiendas de campaña, estrenadas en este viaje y diseñadas para acomodar lo mejor posible, dentro de la situación, a los viajeros. Todos los habitantes de la aldea han salido a recibirlos y ahora los nativos observan con curiosidad y con la atención del que está presenciando un auténtico espectáculo. Una mujer mayor les pregunta si en aquellas tiendas piensan pasar la noche y parece reírse de ellos con poco disimulo. Xavi sospecha que probablemente están sorprendidos por la rapidez con que despliegan aquellas casas de lona y, de entrada, razona que seguramente son más confortables que las chozas de adobe y techos de paja y troncos que constituyen las moradas de aquellos simpáticos africanos.
No pasarán muchas horas hasta que caiga en la cuenta de lo erróneo de su valoración y para que entienda por qué aquellos peul parecían reírse de los habitáculos que ellos estaban levantando.Plácida y húmeda noche en Níger
Una vez finalizado el montaje del campamento por parte de nuestros preparados expedicionarios, con las tiendas plantadas en medio de la zona cedida por los anfitriones peul y todo el material cuidadosamente colocado en su lugar, Xavi y compañía están orgullosos y no pueden evitar sentir una cierta satisfacción por la exhibición de eficacia que han desplegado delante de aquellos seres tan llenos de curiosidad. Han hecho una auténtica demostración de viajeros experimentados. No obstante, perciben que los murmullos y la diversión no cesan y de manera especial en las mujeres, que parecen verdaderamente atacadas de la risa.
Siguiendo con la amabilidad y la hospitalidad demostrada, aquella gente les cede una choza vacía para que puedan prepararse la cena y hacer lo que necesiten. Se hace de noche y es hora de alimentarse. En el poblado no hay ni una sola luz. Los nativos tienen suficiente con el fuego que hay siempre dentro de sus casas; además suelen ir a dormir en cuanto el sol se pone. El grupo turístico, perfectamente preparado, dispone de potentes linternas para iluminar suficientemente lo que sea preciso.Plácida y húmeda noche en Níger

ESTO SÍ QUE ES LLOVER

Bastante cansados después de un día tan movido pero al mismo tiempo satisfechos por la jornada vivida, se disponen a cenar. No hay ningún tipo de mueble y han de sentarse en el suelo, que simplemente es de arena fina, igual que tienen el resto de casas de la aldea. Súbitamente resuena con enorme fuerza un trueno y empieza a llover, y a llover, y a llover, y a caer más y más lluvia. Por la obertura que sirve de puerta de la choza empieza a entrar agua y se dan cuenta de que hay un gran tablón con la forma exacta de la puerta, que debe colocarse para cerrar. Así lo hacen, ¡hay que ver lo que pesa!, aunque antes de cerrar del todo intentan ver su campamento, pero llueve tanto y está todo tan oscuro que no distinguen absolutamente nada.
La lluvia no para, ¡qué manera de llover! Xavi, con coraje y acompañado por Josep Ramón, decide ir a ver cómo están les tiendas de campaña y cómo está el camino para que todo el grupo pueda llegar hasta ellas e irse a dormir.
Ni rastro, no encuentran nada. No hay ninguna tienda. El agua se lo ha llevado todo: tiendas, maletas, bolsas, ropa, material de todo tipo y –lo que es peor– toda la documentación y los pasaportes. Cuando regresan empapados a notificarlo al resto, deciden resignarse –qué otra cosa puede hacerse– y confiar en que cuando sea de día la lluvia haya escampado y puedan ir a buscar sus pertenencias.
Deciden ponerse a dormir juntos –qué remedio– en el suelo, encima de aquella arena, sin otra cosa para separarlos de aquel inusual firme que la poca ropa que visten y su propia piel. Acurrucados y bien juntitos se disponen a intentar dormir. Se llevan un susto morrocotudo cuando, por los efectos de un fuerte golpe de viento, la puerta cae estrepitosamente en medio de la cabaña. Por un pelo no le chafa un pie al hijo de Xavier que es quien más cerca se encontraba. Otra vez toca hacer fuerza y equipo a los eficientes viajeros para colocar de nuevo la puerta, cuidando que en esta ocasión quede mejor fijada.Plácida y húmeda noche en Níger
Vuelven a intentar conciliar el sueño. De repente, Xavi profiere un grito acompañado por unos cuantos improperios, tal y como la situación le pide. Alguna cosa acaba de picarle en un pie y le ha ocasionado una punzada intensa de dolor. Es como haber recibido un auténtico mordisco. ¡Son hormigas! Increíble, tan sólo son hormigas y tampoco demasiado grandes de tamaño, ¡pero cómo muerden! Nuestro hombre casi ni se siente el pie. ¡Por una picada de hormiga!
Todos en pie otra vez. Con la ayuda de sus linternas se dedican a barrer como pueden todo el suelo, tratando de vaciarlo de hormigas; a ver si lo consiguen y pueden lograr dormir. En la tarea están cuando alguien divisa en la pared de adobe a tres escorpiones de respetables medidas y de un color alarmantemente blanco. Ahí están, plantados con su amenazante aguijón erecto, probablemente protegiéndose de la lluvia al igual que nuestro grupo de viaje. El personal se estremece al comprobar que precisamente los tenían encima de sus cabezas cuando se disponían a dormir.Plácida y húmeda noche en Níger
Es la gota que hace desbordar el vaso. Allí no dormirá ni Dios. Sólo quedan los coches. El diluvio no parará pero las hormigas y los escorpiones ya se las arreglarán solos. Todos hacia los coches, seguro que están llenos de agua pero al menos, dentro se podrán sentar y cerrar las puertas. Sí, todos bien cerrados menos uno, justamente donde tiene su sitio Xavi, ya que una piedra había roto el cristal delantero durante aquella plácida jornada de viaje. Envolviéndose como puede con un plástico protector, allí se queda nuestro hombre con su mujer, su hijo y su conductor. Bien cerca y también dentro de los otros coches, se amparan el resto de compañeros.Plácida y húmeda noche en Níger

RECUPERAR LO DESAPARECIDO Y GUARDAR UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE

Obviamente nadie duerme demasiado pero llega el día, la lluvia cesa y el sol brilla. Un poco hechos polvo, pero con los ánimos renovados, lo que ahora necesitan es encontrar las tiendas y todas sus pertenencias. A medio kilómetro de la aldea, por fortuna, lo encuentran todo: estancado, arremolinado y enganchado en una maraña de matorrales, troncos y lodo. Todo está absolutamente enfangado pero lo han hallado. Costará pero se puede limpiar.
Nuevamente en el centro del poblado de los amigos peul, han de dedicar bastantes horas a la limpieza de su equipaje aunque por suerte, por lo menos para poder volver a utilizarlo, la tarea se completa. Los peul no se han perdido detalle de la pequeña odisea que han sufrido aquellos viajeros. Los han acogido con hospitalidad pero les han dejado hacer sus cosas. Cada cual ha de ocuparse de lo que es suyo. No obstante, lo que se han divertido aquellos nativos no tiene precio y siempre lo recordarán.Plácida y húmeda noche en Níger
Nunca hubieran imaginado que los hombres blancos fueran tan divertidos. La mujer mayor que les había preguntado escépticamente si pensaban pernoctar en aquellas extrañas casas de plástico y lona, no se puede contener y se acerca a Xavi recordándole que a ella ya le extrañaba mucho que todo aquello tuviera mucha consistencia. Y se ríe, ríe, ríe y no para de reír. Es de esperar que la risa no le dure tanto como ha durado la lluvia o sus mellados dientes acabarán por caérsele del todo.
El grupo se despide del poblado y de su gente, prestos a continuar con su aventura. Xavi y sus compañeros no olvidarán jamás aquella noche tan especial. Desde entonces, son muchos y varios los viajes que ha realizado a África Occidental, a diversos países y con diversos grupos de viajeros como responsable de Tarannà Viajes y conocedor de la zona y de las características de este tipo de viajes. Pero aquella noche fue intensa al máximo y dejó el recuerdo imborrable de una gran vivencia.



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